Columna publicada en El Dínamo, el 30 de Junio de 2017.

espejito

 

José Ignacio Núñez Leiva, Investigador, Derecho U. Finis Terrae
Denisse Hernández, Asistente Investigación, Derecho U. Finis Terrae

Un ex presidente de la República, aspirante a la re-elección, comenzó un acto de campaña con una fallida rutina de humor: “Bueno muchachos, me acaba de sugerir un juego muy entretenido. Es muy sencillo: todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y todos nosotros nos tiramos encima y nos hacemos los vivos. ¿Qué les parece muchachos?”

Algunos rieron, otros no. Pero lo que más repercute es que un respetable ex presidente, que se proclama liberal, quien tuvo el acierto de extender el post natal (aunque fuere sólo –y para algunos en perjuicio– para las mujeres) aluda, aplicando la primera lección de la Comunicación Efectiva (conquista al auditorio con una anécdota), a las mujeres como artefactos de placer, pasivas y no activas, deudoras de éxtasis para ¿Machos? cuyos espejos hurtados a Blancanieves los cubren de loas y hacen creer en la mitología heteronormativa.

¿Picardía del Chileno? No, de ninguna manera. Pues la premisa mayor de esa “Broma” solamente relata la estrategia de los abusados, mientras sufren el abuso: parecer muertos esperando que todo acabe. Y esta no es una reflexión de un (a) “Feminazi”. La violación ha sido considerada como un atropello a los derechos humanos de las mujeres por la CEPAL y la OMS, que indican que alrededor de una de cada tres mujeres (35%) en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de su pareja dentro de sus propios hogares, la cual además tiene el agregado de la violencia física y sicológica.

Las consecuencias de este tipo de actos y proclamaciones, es que, parapetados en la broma, justificados en el (mal) humor, acudiendo al doble estándar o tildando de aprovechamiento político a las críticas legítimas a un (inconsciente) pronunciamiento político: la política es poder, y el poder es quien manda y quien obedece, serios aspirantes a la Presidencia propicien que vuestra abuela, madre, hermana, esposa, amiga o hija sea reducida al estatus de cosa. Tal como esa muñeca inflable que le regalaron a un ministro, y que el “Cervantes” que motiva esta columna condenó, pero luego se “hizo el vivo”.

Por eso, como padre o madre, hermano o hermana, vecino o vecina, profesor o estudiante, no banalice lo malo. Condene los resabios machistas, confronte los esquemas heteronormativos, exija eso de las autoridades o de los aspirantes a aquello, pues de lo contrario será un ensombrecido cómplice de los abusos en contra de su abuela, madre, pareja, esposa, amiga, colega, ahijada, sobrina o hija. Y la verdad, dudamos que quien se vea al espejo como “Macho” sea capaz de permitirlo, provenga de quien provenga.

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