¿Quién puede ser candidato a Presidente?

Columna publicada en La Tercera el 14 de junio de 2017.

Uno de esos revuelos algo hipócritas se ha generado luego de que el Senador y Pre Candidato Presidencial Manuel José Ossandón evidenciara su desconocimiento en torno al “Acuerdo de París”. Una indignación farsante, de fariseo, como diría un muy buen amigo. Y es que hay momentos en que parapetados por las masas nos burlamos de la ignorancia ajena, pero cuando somos individualmente interrogados solemos ser, inclusive, más incultos que el quemado en la hoguera.

Con todo, esta polémica artificial puso sobre la mesa una pregunta importante ¿Qué conocimientos, formación o credenciales, títulos o grados requiere un aspirante a Presidente, Senador o Diputado?

Mi opinión al respecto no es muy popular. Pienso que de aquéllo no se necesita nada. Absolutamente nada. Lo imprescindible en quien aspira a representar a otros no son conocimientos sino virtudes, no son credenciales sino criterio, no son saberes sino sabiduría. Y ninguna de esas cuestiones, se aprenden dentro de un aula.

Candidato

Virtudes (especialmente republicanas) para no olvidar que el soberano es el pueblo, pero todo el pueblo, no sólo los poderosos o los que hacen más ruido. Criterio, para ser capaz de canalizar adecuadamente las distintas cosmovisiones que existen en la sociedad y Sabiduría para comprender que sus conocimientos serán siempre sobrepasados por la contingencia, la ciencia o cualquier persona.

De la anterior pregunta, junto a la respuesta que propongo, se deriva una consecuencia que muchos han intentado soslayar.

Un Presidente no es un Rey, un Mesías o Ironman. Es el Jefe de Estado y de Gobierno. Y ser jefe implica la existencia de un equipo al que se lidera. Ojalá un buen equipo. Asesores, técnicos y articuladores, dispuestos a ponerse fielmente bajo las órdenes de alguien que merezca lealtad. Tal vez eso, no la ignorancia, fue el error de Ossandón. No contar con un soporte a la altura de las circunstancias, capaz de anticiparse a las preguntas que obviamente le formularían en un programa de televisión.

Por la misma razón resulta ingenua la propuesta de algunos partidos, bloques o frentes, que prometen encabezar, cual caudillos, transformaciones a punta de carisma (o nostalgia) e ideas extraídas de una enciclopedia. Un Presidente sin apoyo del Congreso no puede gobernar. Ejemplos de lo anterior hay por doquier. Así es que si a usted le gusta la Ciencia Ficción, vea televisión, pero no crea todo lo que prometen los candidatos en la Televisión.

Finalmente, otro eje envuelto en la polémica tiene que ver con lo que exigimos y lo que estamos dispuestos a dar. Si usted es un demócrata de verdad, aspirará a que sea el mérito y no el árbol genealógico lo que pavimente el camino de los ciudadanos hacia los cargos de autoridad. Pues bien, en una sociedad en dónde la educación se estima como un bien de consumo y no como un derecho los predilectos del azar, que por coyunturas y no sólo por capacidades, han logrado acceder a credenciales, títulos y grados, desplazando en el camino a personas igualmente talentosas, pero sin la misma suerte, y que – tal vez – en el mismo punto de partida y en idénticas condiciones, habrían desbordado las hojas de su Curriculum Vitae.

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