Logan y la Universidad

Columna publicada en Cooperativa.

No quiero ser lo que mis estudiantes denominan “Spoiler”. Por lo tanto si usted no ha visto la película, o tiene interés en verla, le advierto que las siguientes líneas estropearán sus expectativas. Pero si usted ya la vio, o no desea verla, le invito a seguir leyendo.

En la cinta Logan, un mutante antes llamado Wolverine, se encuentra en su aparente etapa de decadencia.

LoganSu poder especial consistía en la capacidad de sanar inmediatamente de cualquier herida. Aunque la inmunidad y la inmortalidad, en la mitología occidental, siempre han sido consideradas una carga.

Solía ser un héroe ermitaño que, como dice un músico español, con los años se hizo inmune a todos los pecados y es normal que le dé pereza ir al infierno si entra y sale a diario de el. Pero ahora, sus heridas, ni físicas ni espirituales sanan, corroen. Ha envejecido y sus poderes han disminuido.

Además, según sus palabras, no desea luchar más porque siempre el precio que debió pagar por aquello fueron sus seres queridos. En lugar de eso se dedica ahora a cuidar a un hombre, abandonado por el resto de sus discípulos, pero a quién debe su vida. Sin embargo, las vueltas de la vida, lo hacen encontrarse con una niña portadora de sus mismos poderes, historia y dolores.

A regañadientes se hace cargo de ella, y acá viene el mayor “Spoiler”, pelea hasta morir para salvarla a ella y a un grupo de niños con capacidades especiales.

Comparados con Logan, quienes trabajamos en las aulas, especialmente los que enseñamos sin tener la profesión de profesor, somos más un estandarte de sus vicios que de sus virtudes ¡Qué alivio! Es un personaje de literatura ilustrada. No obstante, cual Logan, en general, quien opta por el subvalorado esfuerzo de aprender para enseñar, no accede con frecuencia al olimpo de los “exitosos” ni es tan bien ponderado como un súper héroe.

Para muchos docentes universitarios, y ni que hablar de los verdaderos profesores, cada clase o  actividad, cualquier evaluación o investigación, no se moviliza por la expectativa de ser un prototipo del éxito fugaz o por un bono de desempeño.

Un verdadero Profesor, tal como Logan, muchas veces recibe heridas y debe sanarlas. A menudo provienen de la biografía de algún estudiante que le rememora el pasado, o de una crítica malintencionada, normalmente por empeñarse más en el desarrollo de la persona, del ser humano, y no de la producción en serie de meros operarios.

La capacidad de continuar, de seguir adelante,  ignorando esas llagas, causadas por colegas refractarios y espectadores suspicaces, son hoy el súper poder de personas que con heroísmo y por qué no reconocerlo, con amor, un par de veces a la semana ingresan a las aulas universitarias, a punta de convicción y premunidos sólo de la esperanza de ayudar a mejorar la vida de esos seres humanos que conforman su curso.

Para todos ellos y para todas ellas, en este mes de temor y adrenalina – o acaso creían que solo los estudiantes sufren en Marzo – va mi reconocimiento. Parafraseando al mismo español que ya cité, va mi amor entero y va mi abrazo. Pero con una cavilación.

Sin dejar de defender el espíritu universitario y de considerar que cada derecho tiene aparejado un deber, hoy, en este mundo donde pensábamos tener respuesta para cada pregunta, pero en el que cambiaron las preguntas ¿quién es verdaderamente Logan? ¿el estudiante o el docente?

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