CONSTITUCIÓN: ¿REGLA O PLAN DE JUEGO?

Columna Publicada en El Mercurio Legal el 09/09/2014.

gameplanMuchas de las opiniones de abogados y académicos en torno a una eventual nueva Constitución han sido impacientes. Mientras algunos proponen públicamente lo que a su juicio deben ser las instituciones (e incluso artículos) de la futura carta política, otros se baten entre la espada del dominio máximo legal y la pared de la libertad legislativa.

 Por otra parte, no pocos constitucionalistas han olvidado algo tan obvio, que por ser tal pasa desapercibido: el estudio y la extracción de lecciones sobre el desarrollo de los procesos sociales es resorte de profesionales de otras ciencias. Los juristas teorizamos en torno a las fuentes formales o de producción del Derecho, pero las competencias necesarias para entender y decodificar las fuentes materiales del fenómeno jurídico, se ubica en el terreno de otros cientistas sociales. Sociólogos, historiadores, antropólogos, politólogos son los naturalmente llamados a orientar la discusión sobre la ruta real hacia una nueva Constitución. Los abogados, sólo podemos contribuir en la traducción normativa de los insumos proporcionados por profesionales ligados estrechamente a los procesos ciudadanos, y en la ilustración de las concepciones institucionales a partir de las cuales la soberanía popular podría deliberar.

 En tal contexto, una revisión de los albores del constitucionalismo no viene mal a efectos de poner de manifiesto algunos puntos desde dónde puede ser positivo arrancar una discusión constituyente, y desde la perspectiva en que podemos aportar los abogados.

 La independencia de E.E.U.U. y la Revolución Francesa nos ofrecen ideas – o conceptos – diversos de Constitución, que si bien no son irreconciliables (el neoconstitucionalismo es prueba de su potencial fusión) revelan dos finalidades políticas susceptibles de ser asignadas a las Cartas Fundamentales.

 Una alternativa consistió en instalar a la Constitución como “Regla de Juego”, esto es una norma lógicamente superior a toda otra emanada de los poderes constituidos y a la que debe subordinarse la actividad de estos, pero que confiere un importante margen de acción a los órganos de Estado a efecto de que adopten los cursos de acción que estimen pertinentes, siempre y cuando, no excedan sus competencias.  La otra, en diseñarla como “Estrategia de Juego”, es decir como elemento vertebrador de la organización política, fundante pero no jurídicamente superior y en la cual la su virtualidad no depende de una jerarquía normativa sino de la superioridad de los objetivos axiológicos predefinidos y a los cuales deben subordinarse y orientarse los poderes estatales. El primer modelo corresponde al concepto originario de la Constitución de los Estado Unidos de Norteamérica, mientras que el segundo se plasmó en las constituciones francesas pre napoleónicas.

 La frontera entre una y otra opción viene dada por la presencia/ausencia de dos factores: el contenido axiológico y la garantía constitucional. Ambos obedecieron a sistemas escritos,  autoproclamados como supremos y rígidos. Pero serán los binomios neutralidad axiológica/garantía versus militancia axiológica/ausencia de garantía, los que marcarán las diferencias ya anotadas. Y la combinación de estos factores, o el peso atribuido a cada uno de ellos, es un asunto de previo y especial pronunciamiento a cualquier debate de contenidos para una nueva Constitución.

 

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