¿Qué queremos defender, al protegido o al protector?

Columna publicada el 24 de marzo de 2018 en Cooperativa.

Sin título

Entre otras, una de las cuestiones que ha causado mayor revuelo en el proyecto de nueva Constitución presentado por la ex Presidenta Bachelet es la propuesta de rediseño de la protección de los derechos fundamentales.

Tanto ha calado este proyecto en dicho ámbito, que integrantes de la Corte Suprema se han empeñado en cuestionar la propuesta. Factor que prueba que la iniciativa no está muerta, ni sepultada, pues en el mundo de los vivos nadie critica algo fallecido.

El prototipo de la ex mandataria apuesta por un avance hacia una protección descentralizada de los derechos fundamentales. Una inclinación de la balanza, antes favorable al resguardo de las competencias de las altas cortes y ahora militante del derecho fundamental de acceso a la justicia. La ecuación es sencilla, tal como veremos a continuación.

Actualmente, quien ve vulnerado un derecho establecido en la constitución debe acudir a una corte de Apelaciones. Por regla general, hay una en cada región del territorio nacional. Una sola, en la capital de la región.

En cambio, los tribunales de primera instancia están presentes en las ciudades y comunas más importantes del país. Con la propuesta de Bachelet, se acerca la justicia a las personas. Se pretende eliminar la barrera de entrada que hoy constituye la distancia entre los tribunales que protegen los derechos de las personas y las propias personas. ¿Qué prefiere usted, una justicia cercana o una lejana?

Otra de las críticas que se ha formulado ante esta idea, señala que las cortes de Apelaciones y la corte Suprema se encontrarían más capacitadas para desempeñar esta labor. Pero, sin desconocer los importantes aportes de estas Cortes en esta materia, experiencia y especialidad no son conceptos sinónimos. La experiencia consiste en una rutina sostenida durante un tiempo prolongado. En cambio la especialidad alude una preparación deliberada para realizar una tarea en particular.

Y ocurre que los jueces que hace años vienen ingresando al poder judicial para desempeñarse en tribunales de primera instancia tienen una sólida formación teórica y práctica que les proporciona la Academia Judicial.

Por lo tanto están en condiciones de aplicar adecuadamente la Constitución para resolver toda clase de asuntos y especialmente aquéllos en que se debate sobre derechos fundamentales. De hecho ya lo hacen, con la Ley Zamudio y la Tutela de Derechos Fundamentales del Trabajador, por nombrar solo un par de ejemplos.

Por eso, con todo el respeto que merece el más alto tribunal de este país, cuando usted observe que la reacción frente a la posibilidad de que cualquier juez proteja sus derechos pregúntese, ¿qué queremos defender, el poder del protector o los derechos de los protegidos?

La elección de los “hijos de”

Columna Publicada en Cooperativa el 11 de noviembre de 2017.

Eleccion

Hace exactamente cuatro años escribí sobre lo mismo. Pero parece que la historia no cambia.

Si han estado atentos a las campañas parlamentarias y de CORES no se preocupe, no tiene problemas visuales ni auditivos.Tampoco déficit atencional. Lo que ocurre es que muchos postulantes al Congreso, también ahora a los CORE o Consejos Regionales tienen el mismo apellido, y no porque se trate de nombres de familia frecuentes.

Hijos, hermanos, quizás hasta primos y sobrinos, de algún político conocido destacan, lamentablemente una vez más, en el listado de candidatos para la próxima elección. Solamente que esta vez el hecho es menos notorio debido a la regulación de la propaganda electoral en las calles.

Ya hace tiempo, un sociólogo alemán llamado Robert Mitchels formuló una teoría que denominó “La Ley de Hierro de la Oligarquía”. Con ella expresa que en las democracias existe la tendencia a que minorías, las oligarquías, orienten el sistema de forma tal en que el poder sea distribuido o alternado entre unos pocos.

Pereciera ser que en esta elección, bajo el lema de la renovación, inclusive de “los tiempos mejores”, se pretende esconder la herencia y la distribución de las posiciones de poder entre algunas familias. La renovación de la política no pasa por el legado de cargos públicos de padres a hijos.

La dificultad para revitalizar la política no proviene de la falta de personas interesadas en los asuntos públicos, estriba en hallar la forma de suprimir las barreras de entrada que los partidos políticos han instalado para que los comunes y corrientes ingresen al sistema.

Escollos que, lamentablemente, se han instalado en partidos, frentes y movimientos que prometían desterrar las malas prácticas de la política. Confío en que el nuevo sistema electoral podrá corregir esto de alguna manera.

Alguien podría sostener que la vocación, el interés por el servicio público, se puede heredar y cultivar en el seno de familias históricamente dedicadas a ello. Y  es cierto.

Lo falso es que ese capital, la agregación de la vocación de servicio público y las capacidades para dedicarse a ello, sean patrimonio endémico o monopólico de algunos clanes.

¿O acaso no es extraño que en un distrito partidos aliados postulen a los hijos de dos personas que han sido alcaldes? ¿O que candidatos derrotados en las elecciones municipales hoy se reconviertan para postular a otro cargo?

Pero, no seamos injustos. Esta situación no se origina en los partidos políticos ni en los clanes que desean asegurar sus espacios de poder o influencia. Eso es completamente legítimo. Toda persona que participa en la política posee y debe poseer una afición por el poderLa verdadera causa de este problema consiste  en que nosotros, los votantes, somos los mejores avales de la Ley de Hierro de la Oligarquía.

En efecto, al optar por no votar, al no informarnos adecuadamente por las distintas alternativas existentes, al preferir sin mayor reflexión al conocido por sobre el desconocido (aunque tal conocimiento derive de su parentesco con alguien) o al descartar de plano a los nuevos candidatos, estamos fortaleciendo el metal de la Ley de Hierro de la Oligarquía.

Por lo tanto, si a usted le incomoda tanto como a mi esta elección colmada de “hijos y parientes de”, no se quede en su casa el día de la votación y sufrague informado, sin dejarse llevar por la falacia de que el talento político se lleva en la sangre.

Exija pronunciamientos sobre los temas relevantes, especialmente respecto de aquéllos que son cruciales para mejorar la vida de los más desfavorecidos y de las nuevas generaciones.

CARTA A MAURICIO PINILLA: No es caridad, es justicia

Columna publicada en Cooperativa el 14 de agosto de 2017.

Caridad

Soy, sin tapujos, seguidor del archirrival de tu equipo. La vida me ha conducido a la compleja y hermosa labor académica. Abogado de profesión, ratón de biblioteca, escritor de día domingo, estudiante eterno y crítico compulsivo. Mi primer trabajo académico “serio” llevaba una dedicatoria al Coca Mendoza. Ese emblema de Colo  Colo, gravitante en la Copa Libertadores del 91, que paradójicamente debió abandonar la cancha en el momento de los laureles producto de una lesión en su brazo.

Te cuento, Mauricio Pinilla, que en el libro que ahora estoy escribiendo, mi inclinación permanece. Soy fanático de los héroes. La humanidad los ha inventado o reconocido para inspirar, salvar o disminuir la soledad. Hasta hace unos días los héroes a quien tenía decidido dedicar mis letras eran solamente Arturo Vidal – guerrero incansable que nos demuestra que los grandes no juegan por la gloria personal, sino por los ideales – y el gran capitán Claudio Bravo, ejemplo de templanza cuando el pánico cunde en todos.

Pero he leído un reportaje sobre ti. Respecto a tu reacción ante el robo del que fuiste víctima. Especialmente cuando supiste que uno de los implicados aun no alcanzaba la mayoría de edad.

Calificaron tus repuestas de “extraña reacción”. Como si el valor, la fe, la justicia y los ideales fueren cuestiones extrañas.

La prensa amarilla buscará involucrarte en escándalos con una espantosa doble moral. Los comentaristas deportivos no resaltarán el esfuerzo que te tuvo durante muchos años compitiendo en las mejores ligas del mundo: recordarán tu disparo al travesaño contra Brasil en 2014. Y lo rememorarán como una frustración. Pero hoy, después de leer lo que dijiste siendo víctima de un delito, entiendo ese episodio como una lección.

La contingencia no te ha llevado brillar entre los protagonistas visibles de este equipo que nos ha dado tantas alegrías. Pero tus palabras recientes, te han instalado como héroe, como estandarte. No sentir rencor, sino preocupación, respecto de un adolescente que delinque, habiendo sido tú la víctima, revela tu nobleza. Pone sobre la mesa que el problema de nuestro país no gira en torno a la caridad, es la falta de justicia. Tal como hace más de medio siglo lo denunció San Alberto Hurtado.

¿Y, sabes? Esa honestidad tuya será tan incómoda, como lo eres para los defensores del equipo rival. Porque vas de frente. Pero eso necesitamos como ejemplo a personas que en los fracasos reflexionen como tú lo has hecho, seres humanos que comprendan la humanidad del resto, con justicia y la convicción de que Chile es un equipo, uno solo, que no puede dejar atrás a nadie.

En fin, gracias Mauricio, por venir – con humildad y siendo víctima de un delito – a darnos una cátedra magistral sobre la dignidad, la justicia y la igualdad. Lo que hiciste, supera el sueño de que ese zapatazo hubiera entrado en la portería de Brasil. Gracias.

Pensando en la Constitución a nivel OECD

Columa publicada en Cooperativa el 27 de Julio de 2017.

Pensando

Los adolescentes, no. Los pobres, no. Los presos, los migrantes, no. Esa fue la respuesta de muchos durante la etapa participativa del actual proceso constituyente. Sí, ese mismo que entusiastas de escritorio han ido abandonando y torpedeando, con “fuego amigo,” cuando sus propuestas individuales no fueron acogidas.

Aproximándose más a esa Derecha refractaria que al progresismo democrático, porque las frondas universitarias no se distancian demasiado de las cofradías aristocráticas. Sin comprender que la impostación de outsider es tan gemela de la oposición insider  y tan adolescente como lo que un autor de pluma virtuosa denominó “aventuras juveniles en departamentos de soltero”.

Y es que cómo lo dijo un Boricua que admiro, con “mis disculpas”, no le creo a tanto a ese prototipo de apóstol del “Nuevo Constitucionalismo Americano”, que cuando supo que en los anales de la historia no resaltaría su nombre se convirtió en opositor.

Y no les tengo fe porque les falte talento, ojalá sus neuronas nutriesen el debate, sino porque me perturba su auto rótulo de estadistas, cuando se oponen con berrinches infantiles a todo lo que no les ofrezca un letrero de avenida o páginas en un multicopiado manual académico.

Porque las constituciones las hacen las personas, no los teclados de académicos.  La ciudadanía no necesita puentes entre la soberanía y la democracia.

Por eso la OECD ha catalogado al Proceso Constituyente chileno como un ejemplo. Enfatizando sus virtudes, diseño, niveles de participación, falta de confusiones, tan frecuentes entre “académicos” y “cabilderos,” entre Participación y Representación. Evidenciando  que el sentido común es el más común de los sentidos y que la Constitución es algo demasiado importante como para dejarla solamente en manos de abogados. Recalco abogados, porque en Chile tenemos un ejército de abogadas que han sido preferidas en este debate, a causa de esos machismos que cotidianamente incubamos, y que cómo padre de una hija no estoy dispuesto a reproducir.

Con todo, si usted quiere o no una nueva Constitución, no sea un mero altoparlante que repite ideas ajenas.

Revise su propia vida, la de los que quiere, la de los que dice querer y piense. ¿Este Pacto es suficiente?

¿Esa cosa llamada OECD a la que tanto tiempo quisimos ingresar está dominada por las conspiraciones de izquierda?

Piénselo, porque hay momentos en que la vida de otros, por desgracia, depende de nosotros. Y esos momentos suelen coincidir con los momentos constitucionales.

¿Qué desea heredar usted a nuestra nación? ¿Una perpetuación de privilegios o un instrumento de libertad? 

Objeciones a la objeción de conciencia en el proyecto de ley que despenaliza la interrupción voluntaria del embarazo.

Columna publicada el 20 de Julio de 2017 en El Mercurio Legal.

Objeciones

Betzabé Araya y José Ignacio Núñez

La objeción de conciencia es una figura injustificadamente preterida en nuestro sistema jurídico, al menos a nivel explícito. Por ello un proyecto de ley que la contemple, genera altas expectativas.

Sin embargo, la regulación que de ella se hace en el proyecto de nuevo artículo 119 ter del Código Sanitario ha originado algún tipo de controversia especialmente por su alcance, al no hacerse extensiva a algunos sujetos y situaciones que podrían acarrear inconvenientes al momento de poner en práctica los efectos esperables del referido instituto. 

Atendido lo anterior, pretendemos llamar la atención sobre aquellas cuestiones que, de cara a la objeción de conciencia, fueron soslayadas y deberían (a nuestro juicio) ser tratadas en un proyecto de ley como el de la especie. 

Lo primero que llama la atención en el referido precepto es la discriminatoria omisión que se hace del personal de salud (enfermeras, anestesistas, matronas u otros) que tendrían la labor de asistir la interrupción del embarazo. Dichos profesionales, según el proyecto de ley, no podrían ser objetores de conciencia ya que el estatuto en análisis estaría solamente previsto para el médico(a) cirujano(a). Ello acarrearía que, aun cuando las convicciones religiosas, morales o ideológicas de estos “otros” profesionales de la salud produzcan un conflicto de conciencia frente a la práctica abortiva, estarían impedidos de invocarla. Cuestión que, aparte de injusta, resulta —pensamos— inconstitucional. 

Asimismo, previene el artículo 119 ter del proyecto que se requerirá que el objetor de conciencia haya manifestado su negativa a realizar abortos al (la) director(a) del establecimiento de salud, lo que deberá llevarse a cabo en forma escrita y previa, cuestión que pone un curioso requisito al derecho a la Libre Manifestación de las Creencias: su anuncio formal antes de ejercerlas. 

Sobre el particular, es necesario señalar que si bien es comprensible que como vía para prevenir la ausencia de servicio el legislador exija dar aviso de la objeción al (la) director(a) del establecimiento de salud, también es cierto que la preceptiva pudo haber previsto una solución intermedia como la exoneración de la obligación de practicar abortos ante la existencia de otro profesional de la salud sin objeción que esté dispuesto a realizarlo, aun sin manifestación escrita y previa. Igual cuestión acontece con la premura de atención inmediata e impostergable, donde simplemente ante la urgencia de la madre no tendría importancia la objeción de conciencia, ya que la única forma que el mismo proyecto de ley prevé para hacer valer el instituto resultaría inútil en tal contexto, pues no importará si hubo o no manifestación de voluntad del objetor de manera, porque en cualquier caso se le obligará al objetor a interrumpir el embarazo y a actuar en contra de su voluntad. 

Cabe hacer presente que frente a idéntica situación, la solución que en México se ha propuesto es contar, en todo momento, con personal no objetor a fin de que quienes manifiestan conflictos de conciencia no deban someter sus convicciones producto de su desempeño laboral; cuestión que traslada la cuestión desde los hombros de las personas—que por ejercer funciones públicas no dejan de ser personas— a quien debe ser el garante de toda prerrogativa jurídica: el Estado. 

De este modo, consideramos que el proyecto de ley debe ser entendido como una ocasión para abordar este tema con altura de miras, atendida la realidad de nuestro país cada vez más pluriconfesional e intercultural, a fin de impregnar la diversidad como un aspecto natural adosado al crecimiento de una nación y que permitirá edificar el pluralismo como reflejo de una sociedad más democrática.

Columna publicada en El Dínamo, el 30 de Junio de 2017.

espejito

 

José Ignacio Núñez Leiva, Investigador, Derecho U. Finis Terrae
Denisse Hernández, Asistente Investigación, Derecho U. Finis Terrae

Un ex presidente de la República, aspirante a la re-elección, comenzó un acto de campaña con una fallida rutina de humor: “Bueno muchachos, me acaba de sugerir un juego muy entretenido. Es muy sencillo: todas las mujeres se tiran al suelo y se hacen las muertas, y todos nosotros nos tiramos encima y nos hacemos los vivos. ¿Qué les parece muchachos?”

Algunos rieron, otros no. Pero lo que más repercute es que un respetable ex presidente, que se proclama liberal, quien tuvo el acierto de extender el post natal (aunque fuere sólo –y para algunos en perjuicio– para las mujeres) aluda, aplicando la primera lección de la Comunicación Efectiva (conquista al auditorio con una anécdota), a las mujeres como artefactos de placer, pasivas y no activas, deudoras de éxtasis para ¿Machos? cuyos espejos hurtados a Blancanieves los cubren de loas y hacen creer en la mitología heteronormativa.

¿Picardía del Chileno? No, de ninguna manera. Pues la premisa mayor de esa “Broma” solamente relata la estrategia de los abusados, mientras sufren el abuso: parecer muertos esperando que todo acabe. Y esta no es una reflexión de un (a) “Feminazi”. La violación ha sido considerada como un atropello a los derechos humanos de las mujeres por la CEPAL y la OMS, que indican que alrededor de una de cada tres mujeres (35%) en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de su pareja dentro de sus propios hogares, la cual además tiene el agregado de la violencia física y sicológica.

Las consecuencias de este tipo de actos y proclamaciones, es que, parapetados en la broma, justificados en el (mal) humor, acudiendo al doble estándar o tildando de aprovechamiento político a las críticas legítimas a un (inconsciente) pronunciamiento político: la política es poder, y el poder es quien manda y quien obedece, serios aspirantes a la Presidencia propicien que vuestra abuela, madre, hermana, esposa, amiga o hija sea reducida al estatus de cosa. Tal como esa muñeca inflable que le regalaron a un ministro, y que el “Cervantes” que motiva esta columna condenó, pero luego se “hizo el vivo”.

Por eso, como padre o madre, hermano o hermana, vecino o vecina, profesor o estudiante, no banalice lo malo. Condene los resabios machistas, confronte los esquemas heteronormativos, exija eso de las autoridades o de los aspirantes a aquello, pues de lo contrario será un ensombrecido cómplice de los abusos en contra de su abuela, madre, pareja, esposa, amiga, colega, ahijada, sobrina o hija. Y la verdad, dudamos que quien se vea al espejo como “Macho” sea capaz de permitirlo, provenga de quien provenga.